Conocí a Javier en el Expoelearning 2007 en Barcelona. Una de las razones por las que me gusta dar clases y participar en conferencias es porque tal vez diga algo que provoque un cambio significativo en algunas de las personas que escuchan. Esto no siempre ocurre, pero a veces sí y cuando sucede es algo mágico.
Dicen que el cerebro es como una nuez, que si uno trata de forzarla en el momento equivocado resulta imposible, pero, una vez madura, se abrirá con un ligero golpe. O dicho de otro modo, que cuando el discípulo está preparado aparece el maestro.
A mí me pasó con Javier. Aquella conferencia en 2007 fue como un revelación (¡gracias Javier!). Es sorprendente lo que se puede aprender en 1 h. de una persona a la que no conoces de nada si se está en el momento adecuado.
Al año siguiente volví al Expoelearning y esta vez me tocó hablar a mí. Javier no estuvo en mi conferencia pero, en un descanso del evento, se acercó a mí y me preguntó que qué había hecho para que todo el mundo estuviera hablando de mi charla durante el café. Le dije que solo había puesto en práctica lo que había aprendido de él el año anterior 🙂 (y me sentí inmensamente feliz de haber despertado la curiosidad de uno de mis maestros)
Aunque Javier, en la charla de abajo, nos cuenta que es muy difícil aprender escuchando una conferencia, yo aprendí muchísimo de él, sin conocerle, aunque él no lo sepa, aunque probablemente ni me recuerde. Y le estaré eternamente agradecido.
